La gata astronauta.

Sea esta entrada un pequeño, pero sentido, homenaje a todos los animales que perdieron la vida en cualquier tipo de investigación es pos de un mayor conocimiento. Que la evolución y los datos que nos aportaron con sus vidas puedan ser aprovechados para encontrar una forma menos cruel de aprender algo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, en los años 40 y 50, Estados Unidos y Rusia se hallaban inmersos en la carrera espacial. Unos y otros trabajaban intensamente para ser los primeros en conseguir que el hombre pisara la luna. No escatimaron medios, y en  estas investigaciones nacieron héroes silenciosos, cuyas vidas se pusieron en peligro y muchas veces se perdieron. Nos referimos a los seres vivos, desde moscas a primates, que fueron enviados al espacio exterior sin ser preguntados y que allanaron el camino al hombre en su aventura en el espacio. Seres vivos que, como si fueran meros objetos, se utilizaron sin remordimiento utilizando como excusa el conocimiento.

En 1963 Francia no quiso ser menos y se unió a tan frenética carrera. El animal elegido en este caso fue un felino. Se trataba de una gata común europeo, blanca y negra, recogida de la calle llamada Félicette.  La documentación disponible no lo especifica bien, pero cuenta una leyenda que en un principio se iba a mandar a un macho llamado Félix, que, inteligentemente, logró escapar y fue sustituido por una hembra de la misma especie.

Sea cual fuese el sexo o el nombre de nuestro amigo felino, el caso es que éste se hizo al espacio el 18 de Octubre de 1963, a bordo del cohete sonda Veronique AGI Nº47. La cápsula fue capaz de alejarse 120 kilómetros de la superficie terrestre, desde donde descendió en paracaídas con un felino, suponemos que tremendamente asustado, pero, afortunadamente vivo.

Esta rápida aventura dio sus frutos, ya que los científicos pudieron recoger importantes datos sobre el comportamiento de un organismo lejos de la tierra. Ello gracias a la implantación previa de electrodos en el cerebro de nuestra gata. Estos datos  abrieron el apetito voraz de información a los expertos, ya que este éxito hizo que en sucesivas misiones se enviaran a explorar el espacio exterior a un número indeterminado de mininos, algunos de los cuales no lograron volver para contarlo en primera persona. Estos fracasos terminaron por convencer a los franceses de lo conveniente de dejar esa vía de investigación y en la actualidad Francia, felizmente, ha dejado a los gatos, donde tienen que estar, como mucho, a la altura de una copa de árbol.

A finales de 2017 se realizó una campaña de reacaudación económica donde se alcanzó la cifra de 57.00 dólares, que fueron destinados a la creación de un monumento en memoria de Félicette, la gata frabcesa que conquistó las estrellas.

El 20 de marzo del año 2014, la Agencia Espacial de Irán informó de  la posibilidad de que la biocápsula Pishgam-2 (Pionero-2) sea lanzada al espacio a lo largo de este año con un ser vivo en su interior, parece ser que piensan en un gato persa,  no sería la primera vez y, aunque de poco sirva, desde Comportamiento Felino condenamos el uso de seres vivos, independientemente de la especie para cualquier tipo de investigación.